El Museo Egipcio y la Revolución

Hace un par de años, en enero de 2011, con motivo de la revolución popular egipcia contra el gobierno de Mubarak, el Museo Egipcio se vio afectado negativamente en el desarrollo de los sucesos de la plaza Tahir. Ayer, conocimos los resultados de un informe interno del nuevo gobierno en el que se clarifican algunas de las tropelías que se produjeron contra el patrimonio cultural de aquel país, y siento reconocer que tenía razón cuando, haciéndome eco de diversas fuentes a las que se acusaba de pro revolucionarias, comentaba que aquellos robos en el museo tenían como principales artífices a gentes cercanas al gobierno de Mubarak. Aquello se desmintió por activa y por pasiva, hoy sabemos que era cierto.

Por aquel entonces, mantenía un blog (museosymas), ya desaparecido, en el que hice un seguimiento cercano de todo el proceso en esos primeros días, y creo que no está de más hacer un pequeño resumen.

En enero de 2011 se registraba un frenético movimiento popular en la plaza Tahrir, del que devino el incendio de la sede del entonces partido gubernamental (PND) a media tarde del viernes 28 de enero, según explicaba Al Yazeera. La sede del partido se encontraba junto al propio museo, por lo que el peligro de que el fuego se propagase a sus instalaciones era muy real. Aprovechando que la sede del PND estaba siendo saqueada, sobre las 18.00 h., unos nueve o diez individuos lograron acceder al museo. Muchos ciudadanos que se concentraban en la plaza y algunos agentes de la policía turística respondieron a aquellos actos formando una cadena humana en torno al edificio con el fin de protegerlo -cadena que se repetiría en los días siguientes- hasta la llegada del ejército a las 22.00 h. Los soldados, finalmente, detuvieron a la mayoría de los saqueadores. El prestigioso egiptólogo Zahi Hawass, por entonces secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades -o, para muchos, el dueño y señor de la arqueología egipcia- inspeccionó los daños en el museo a la mañana siguiente. Las primeras impresiones fueron que no se llegó a sustraer ningún objeto, sólo dos momias fueron decapitadas y unos diez objetos de pequeño tamaño sufrieron destrozos, en todo caso, subsanables. Al Yazeera transmitió imágenes del interior del museo, que pasó a estar permanentemente custodiado por el ejército leal al gobierno, al igual que otros enclaves como las Pirámides de Giza o Luxor.

Uno de los participantes en la barrera humana expresó: «no debemos mostrarnos al mundo como ladrones, sólo queremos la libertad» (EL PAÍS, 30 de enero de 2011). Evidentemente, aquellos incidentes contra un patrimonio cultural con tantos fervientes amantes por todo el mundo no hacían ningún favor a la revolución contra el dictador. En las horas siguientes, muchos alertaron que el asalto al museo sólo pretendía ofrecer una visión negativa de la población insurrecta al hacerlos responsables de la anarquía dominante. La periodista egipcia Mona  Eltahawy llegó a dejar caer en una entrevista en la CNN que todo aquello formaba parte de la política de descrédito por parte del gobierno y que el saqueo del museo fue obra de la policía y de los matones de Mubarak. Por otra parte, la televisión alemana ZDF informó el sábado 29 por la tarde de que un alto miembro del PND estaba involucrado en el saqueo y fueron muchas otras las voces que alertaron de que el incidente no tuvo nada de casual ni de improvisado. Así, Waffa el Saddik, ex director del museo, en una entrevista a la publicación alemana Zeit Online, acusaba directamente como responsables de los destrozos a los propios guardias del museo y a la policía, y alertaba de que el Museo de Menfis había sido completamente saqueado.

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El lunes 31 de enero de 2011, Hawass fue encumbrado a Ministro de Estado para las Antigüedades por Mubarak, un cargo de nuevo cuño que en la práctica absorbía al Consejo Supremo de Antigüedades y lo segregaba del Ministerio de Cultura. En su página oficial ese mismo día realizó una desaliñada crónica personal de lo ocurrido durante el fin de semana -estos datos ya no están disponibles en su web-, donde explicaba que, debido al toque de queda impuesto entre las 18.00 h. del viernes y las 7.00 h., el museo no pudo recibir toda la protección que requería, hasta el punto de que el propio Hawass no pudo abandonar por ese motivo su casa, aunque deseaba «desesperadamente» ir al museo -de hecho, no llegó al museo hasta la mañana siguiente, «cuando se despertó» (sic.)-. Sigue contando que aquella tarde, cerca de un millar de personas saltaron las vallas del recinto y saquearon la entonces nueva tienda de regalos, el restaurante y la cafetería, que diez individuos consiguieron entrar en el edificio por las cristaleras del tejado usando cuerdas para superar los cuatro metros de altura entre el techo y el suelo, y que, curiosamente, tres agentes de la policía turística estaban haciendo noche en el museo porque se les hizo tarde y les pilló el toque de queda. Estos tres oficiales, siempre según su versión, y los espontáneos rebeldes, como sabemos, detuvieron a algunos de los saqueadores y protegieron el edificio con la poderosa cadena humana que tanto nos emocionó a algunos, hasta la llegada del ejército cuatro horas después del asalto. El nuevo ministro relataba que los ladrones habían entrado en primer lugar en la galería del Periodo Tardío, donde rompieron trece vitrinas en su enfado por no encontrar oro. Luego se encaminaron a la sala de Tutankamón, donde sólo llegaron a romper una vitrina y destrozar una estatuilla del faraón sobre una pantera.

Cuando el egiptólogo salió del museo eran las tres de la tarde del sábado y muchos egipcios se le acercaron para preguntarle si el museo estaba a salvo. Según él, los ciudadanos estaban felices de ver a un alto funcionario en la plaza Tahrir, al hilo de lo que llegó a asegurar públicamente que los egipcios querían la libertad no la destrucción.

En ese punto, a muchos nos parecía que aquello empezaba a no tener pies ni cabeza: la máxima autoridad en arqueología del país, sabedor de que se está saqueando el museo parece quedarse de brazos cruzados y sólo se anima a ver lo sucedido «cuando se despierta» a la mañana siguiente; que hubiera tres policías encerrados en el museo porque el toque de queda les impedía abandonar el edificio -edificio, por cierto, situado junto a una plaza en la que miles de personas estaban obviando en ese momento la prohibición de permanecer en las calles-; que los ladrones rompieran piezas arqueológicas de gran valor de modo gratuito porque «no eran de oro», como dijo Hawass, aunque en las imágenes de aquellos días se viera precisamente en el suelo una pieza de oro supuestamente perteneciente a un abanico procedente de la tumba de Tutankamón… Todo era confuso en aquellos días, pero lo que muchos creíamos era que aquello no era más que una burda maniobra del gobierno por desacreditar la rebelión ciudadana.

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Paralelamente, llegaban desconcertantes noticias de agresiones contra el patrimonio arqueológico en Abusir -completamente desprotegido, según el ministro-, en Sakara, Dashur, Mit Rahina, en un almacén del Museo en Port Said, en el Museo Copto, en el Real Museo de Joyería, en el Museo Nacional de Alejandría, en el Museo de El Manial, en excavaciones abiertas y sus almacenes…

Al día siguiente, martes 1 de febrero, mientras Mubarak reiteraba su intención de seguir al frente de Egipto, Hawass navegaba entre dos aguas en inestable equilibrio. Por un lado, era el nuevo ministro y amigo personal de la esposa de Mubarak, por otro, quería conservar su popularidad entre el pueblo egipcio y hablaba de «nuestra revolución». Pero se seguía sospechando que el egiptólogo había minimizado los daños en su relato, a lo que vino a sumarse la prohibición que impuso para evitar grabar de nuevo en el interior del museo. Eso sí, lo que veinticuatro horas antes era evidente desconocimiento sobre la situación real del patrimonio arqueológico -así lo expresó-, el martes todo era tranquilidad y sosiego. Es una pena que no sigan activas aquellas entradas de su blog… (http://www.drhawass.com/blog/state-egyptian-antiquities-today-update).

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Lamentablemente, potenciales riesgos para el Museo Egipcio se volvieron a producir el miércoles 2 de febrero, cuando los rebeldes se enfrentaron a grupos pro Mubarak en los alrededores de la plaza Tahrir. Estos últimos ocuparon el jardín del museo y en torno a las 16.00 h. comenzaron a llover noticias -primero en internet y Al Yazeera- sobre un posible incendio a causa de la explosión de algunos cócteles molotov. Instantáneamente se culpó a los seguidores de Mubarak que habrían lanzado los cócteles con el fin de entretener al ejército mientras en las calles seguían los enfrentamientos. Finalmente, no se produjeron daños en el centro museístico.

En los días siguientes, Hawass desarrolló una planificada campaña para quitar hierro a todo lo sucedido en el museo, alegando que las momias dañadas eran secundarias y que los ladrones, a los que tildaba de analfabetos asustadizos, sólo querían oro, mientras tranquilizaba a la opinión pública internacional proclamando que no se habían producido daños en ningún yacimiento arqueológico, todo ello de un modo poco creíble. Esto es lo que se contaba al respecto en EL PAÍS.  (http://www.elpais.com/articulo/internacional/Eran/momias/segunda/clase/elpepuint/20110207elpepuint_15/Tes).

Pues, bien, ayer se conoció parte de un informe, aún inédito y al que ha tenido acceso el diario The Guardian, presentado al presidente egipcio, Mohamed Morsi, en el que además de infames crímenes contra la población civil durante las revueltas de 2011, se describe que el ejército egipcio a las órdenes del gobierno formó efectivamente parte de los saqueos al Museo Egipcio. Y más aún, se usaron las dependencias del propio museo para torturar a disidentes antes de trasladarlos a prisiones militares. Habrá que esperar a los detalles completos, pero sospecho que estos van a ser escalofriantes.

Fuentes: Europa Press / El Mundo

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