Este mes de junio he tenido el placer y el privilegio de seguir hablando de la novela. Han sido dos públicos muy diferentes: alumnos de un instituto vallisoletano y un grupo de educación de adultos. En ambos casos, me he sentido muy cómodo ante su activa participación. La verdad es que da gusto que haya ese interés por la cultura vaccea y por la literatura y he tenido la suerte de ser un intermediario entre este interés y los lectores.

El encuentro en El Carpio fue interesantísimo, de esos de los que sales con una sonrisa de oreja a oreja y la sensación de que todos hemos aprendido algo de los demás, que hemos compartido. Así da gusto, hombre.

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