biografía

Más de veinte años trabajando POR el patrimonio cultural

Novelas históricas
y algo más

Roberto Losa

Valladolid, 1974

Arqueólogo de formación, llevo un par de décadas dedicado a la difusión del Patrimonio Cultural, participando en proyectos de todo tipo, especialmente museográficos y de puesta en valor, a los que se unen más recientemente aquellos relacionados con la innovación en el Patrimonio. Además soy experto en diseño gráfico y multimedia aplicado a las industrias culturales y formador en estas disciplinas. Y aunque parezca imposible, siempre hay algo de tiempo para seguir investigando (ver La Armedilla. Historia de un monasterio jerónimo).

Lo de la narrativa viene de lejos, y son varias las obras atesoradas en un cajón que nunca verán la luz por simple pudor. Me adentré directamente con la novela histórica en 2011 con Por el honor de los vacceos, y continué con El infante de la sonrisa triste, publicada en 2017. 

El hecho de no ser escritor profesional hace que mi producción, aunque constante, avance a una velocidad limitada, lo cual, de momento, no me importa demasiado. En lo que sí que se me va el tiempo es en la simple elección de mi siguiente novela, cuestión no irrelevante, pues sé que en ella me pasaré trabajando una media de dos años.

Es cierto que no tengo miles de lectores, pero los que tengo son leales y entusiastas de mis novelas, y, sinceramente, esto no tiene precio.

Arqueólogo de formación llevo un par de décadas dedicado a la difusión del Patrimonio Cultural, con proyectos de todo tipo, especialmente museísticos y expositivos y de puesta en valor. Paralelamente, desarrollo proyectos de carácter puramente arqueológicos o históricos (ver La Armedilla. Historia de un monasterio jerónimo), si bien en los últimos años mi orientación laboral se ha centrado más en otra de mis pasiones: el diseño, que compagino con mi labor como formador.

Lo de la narrativa, viene de lejos, y son varias las obras atesoradas en un cajón que nunca verán la luz por simple pudor. Me adentré directamente con la novela histórica en 2011 con Por el honor de los vacceos, y continué con El infante de la sonrisa triste, publicada en 2017. 

El hecho de no ser escritor profesional hace que mi producción, aunque constante, avance a una velocidad limitada, lo cual, de momento, no me importa demasiado. En lo que sí que se me va demasiado el tiempo es en la simple elección de mi siguiente novela, cuestión no irrelevante, pues sé que en ella me pasaré trabajando una media de dos años.

Es cierto que no tengo miles de lectores, pero los que tengo son leales y entusiastas de mis novelas, y, sinceramente, esto no tiene precio.