Cíbolo debería leerse también en México y Estados Unidos

Los personajes de Cíbolo

Hay novelas que nacen en un lugar, pero pertenecen a otro. Cíbolo es una de ellas. Aunque escrita en España, Cíbolo es una novela profundamente vinculada a la historia de México. No como escenario exótico ni como prolongación de un relato ajeno, sino como territorio histórico propio, vivido y construido durante siglos por comunidades diversas: indígenas, criollos, mestizos, españoles, africanos. Un mundo complejo, fronterizo, contradictorio. Un mundo que es, en buena medida, el origen del México moderno.

La novela se sitúa en la frontera norte de la Nueva España, a finales del siglo XVIII: Texas, Nuevo México, la Comanchería. Un espacio que hoy asociamos a otros relatos, pero que durante generaciones formó parte del entramado histórico, social y humano del virreinato.

Conviene decirlo con claridad: Cíbolo no es una novela de exaltación imperial ni una relectura nostálgica del pasado. No hay en ella superioridad cultural, ni discursos de conquista, ni miradas paternalistas. Muy al contrario: es una novela sobre la dificultad de entender al otro, sobre la convivencia forzada en un territorio inmenso y sobre el fracaso —frecuente— de todos los proyectos humanos cuando se enfrentan a realidades que los desbordan. Una novela histórica escrita con honestidad y sin prejuicios.

Cíbolo es una novela histórica que debería leerse en México y en el sur de Estados Unidos porque la historia que cuenta forma parte directa de su pasado. No es una novela ambientada “en América” desde una mirada externa, sino un relato situado en la frontera norte de la Nueva España, un territorio que durante más de tres siglos fue mexicano en términos históricos, culturales y humanos. Texas o Nuevo México, Santa Fe o San Antonio no eran márgenes exóticos de un imperio lejano, sino espacios vivos del mundo novohispano, con población mestiza, indígena y criolla, con conflictos propios y con una identidad en formación que todavía hoy se reconoce en la región.

La novela se inserta en esa historia compartida que une a México y al mundo hispano del sur de Estados Unidos. Cíbolo recupera ese tiempo en el que la frontera era un espacio hispano, indígena y mestizo, donde se hablaba español, se negociaba, se comerciaba, se pactaba y se combatía. Entender ese pasado ayuda a comprender muchas realidades actuales del norte de México y del suroeste estadounidense.

Además, Cíbolo aborda la relación con los pueblos indígenas desde el respeto y la complejidad. Los comanches y apaches no aparecen como decorado ni como antagonistas simplificados, sino como sociedades con lógica propia, con estrategias políticas, con intereses y contradicciones. No hay idealización, pero tampoco deshumanización. La violencia existe, como existió históricamente, pero se muestra como resultado de un choque de mundos, no como un rasgo moral de unos frente a otros.

El norte de México y el sur de Estados Unidos son, todavía hoy, territorios marcados por esa herencia hispana profunda que a menudo se ha intentado borrar o minimizar. Cíbolo se sitúa ahí, en ese espacio cultural que no es plenamente europeo ni plenamente indígena, sino mestizo. Leerla es reconocerse en una historia que no pertenece solo al pasado, sino que sigue latiendo en la identidad de millones de personas.

Cíbolo es una novela que debería ser editada y publicada en México y que debería distribuirse -en español o en inglés- por Texas, Nuevo México, Arizona, California… No todas las novelas cruzan el Atlántico como producto cultural. Algunas lo hacen como acto de reencuentro. Cíbolo aspira a eso: a volver a casa.

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