Entre los muchos equívocos que jalonan la transmisión del pasado, pocos resultan tan reveladores como el caso de Dictis Cretense y Dares Frigio. Durante más de mil años, sus relatos sobre la guerra de Troya fueron leídos, copiados y citados como testimonios históricos auténticos, desplazando incluso a Homero en amplios sectores de la cultura medieval europea. Hoy sabemos que se trata de obras de ficción tardía, escritas con la intención explícita de hacerse pasar por historia. Y ahí reside su interés.
Dos testigos que nunca existieron
Según la tradición transmitida por los propios textos, Dictis habría sido un cretense que combatió junto a los aqueos en la guerra de Troya, mientras que Dares habría sido un sacerdote troyano que presenció el conflicto desde el bando enemigo. Ambos habrían dejado por escrito un relato “objetivo” de los hechos, libre de exageraciones poéticas.
El problema es sencillo: no existe ninguna evidencia de que estos personajes hayan existido, ni de que sus supuestas crónicas sean contemporáneas a los hechos que narran.
Los textos que hoy conocemos como Ephemeris belli Troiani (Dictis) y De excidio Troiae historia (Dares) fueron redactados entre los siglos IV y V d. C., es decir, más de mil años después de la supuesta guerra de Troya. La crítica filológica es unánime en este punto: se trata de obras tardoantiguas, escritas en latín, aunque atribuidas ficticiamente a autores griegos arcaicos.
El argumento: una Troya sin dioses ni épica
El atractivo de estos relatos radica en su planteamiento. Frente a la Ilíada, con su intervención constante de los dioses, sus héroes semidivinos y su lenguaje épico, Dictis y Dares ofrecen una versión racionalizada y realista del conflicto. En sus textos los dioses desaparecen casi por completo y la guerra se explica por causas políticas y estratégicas. Además, Aquiles, Héctor o Agamenón son descritos como líderes humanos, no como figuras míticas, y el famosísimo caballo de Troya se presenta como una estratagema militar plausible, no como un prodigio legendario.
Este enfoque conectó profundamente con la mentalidad tardoantigua y medieval, mucho más cómoda con una historia despojada de mitología pagana que con la épica homérica.
El gran error: confundir verosimilitud con verdad
Durante la Edad Media, Homero era visto con recelo: poeta pagano, lleno de fábulas, difícil de conciliar con una visión cristiana del mundo. En cambio, Dictis y Dares parecían cronistas sobrios, casi modernos, que hablaban de Troya como si se tratara de una campaña militar real. Ahí se produjo el error de interpretación fundamental:
se confundió verosimilitud narrativa con veracidad histórica.
Hoy sabemos —gracias al análisis lingüístico, estilístico y a la historia de la transmisión textual— que estos relatos fueron concebidos deliberadamente como pseudohistoria: textos que adoptaron la forma de crónica para ganar autoridad. En definitiva, una historia falsa con apariencia documental.
Este fenómeno no es excepcional en la Antigüedad tardía, pero el éxito de Dictis y Dares lo convierte en un caso paradigmático.
Influencia duradera: de la crónica medieval a la novela
La importancia de Dictis y Dares no reside solo en el engaño, sino en su enorme influencia posterior. Durante siglos, fueron la principal fuente para las recreaciones medievales de Troya. La Troya que conoció Europa no fue la de Homero, sino la de estos falsos historiadores. Y aquí aparece un vínculo directo con la novela histórica.
Aunque Dictis y Dares no escriben novela histórica en sentido moderno, sí anticipan uno de sus mecanismos esenciales: la reconstrucción narrativa del pasado con pretensión de coherencia histórica. La diferencia es crucial, naturalmente, ya que la novela histórica moderna —desde Walter Scott— establece un pacto honesto con el lector: esto es ficción basada en hechos reales. Dictis y Dares rompen ese pacto antes de que exista: su ficción se presenta como verdad.
Una lección incómoda para el presente
El caso de Dictis y Dares nos obliga a una reflexión necesaria: la frontera entre historia y ficción no depende solo del rigor del autor, sino de la capacidad crítica del lector y del contexto cultural. Durante siglos, Europa no leyó estos textos como ficción porque necesitaba que fueran historia. Ofrecían un pasado ordenado, racional y moralmente aceptable. La filología moderna desmontó el engaño, pero el mecanismo sigue siendo reconocible hoy.
En ese sentido, Dictis y Dares no son solo una curiosidad erudita: son un recordatorio de cómo el pasado puede ser reconstruido, simplificado o directamente inventado cuando responde a una expectativa cultural. Sus autores no inventaron la novela histórica, pero demostraron, mucho antes que nadie, el poder narrativo de la falsa historia.
Fuentes recomendadas:
- Griffin, Jasper, Homer on Life and Death
- Burgess, Jonathan, The Tradition of the Trojan War in Antiquity
- OCD (Oxford Classical Dictionary), entradas “Dictys Cretensis” y “Dares Phrygius”
- Fowler, Robert L., Early Greek Mythography
